como antes

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Hay días en los que, por un instante, vuelvo a escuchar el sonido de esa risa irónica y pegadiza en aquel tren a ninguna parte. Recuerdo como deslizabas tus dedos pequeños y pálidos por el asiento desgastado; y también el brillo de tus ojos claros, al pronunciar tus labios todas esas palabras alteradas que pronto, resbalaban raudas por mi cansancio. Había veces en las que el silencio nos envolvía, entonces. Y no era nada malo. Todo lo contrario. Me encantaba apoyarme sobre tu hombro y acariciar tu pelo dorado. Tu respiración entrecortada e inquieta, se aquietaba y enredaba en el movimiento apaciguado de ese vagón de sueños desgastados. Y ése era el momento que más me gustaba; ése en el que tu mirada descansaba de todos esos dilemas que día a día se encontraba. Ése en el que se golpeaban todas tus sílabas electrizadas contra un muro de calma. Ése en el que tu mano se entrelazaba alrededor de mi muñeca pequeña y paralizada. Y me mirabas. Y yo por fin te encontraba tu verdadera cara, alejada del mundo que ya te asfixiaba.

Foto y texto 2013 © Paula Méndez Orbe

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