el infinito no existe

analogicabw

(https://paulamendezorbe.wordpress.com/2014/06/18/el-tiovivo-que-no-queria-girar-mas/)

– ¿En qué piensas? – tu mano recorre lenta pero inquieta, la fragilidad de mis vértebras.

– En nada – me río. Te miro. Sabes que estoy mintiendo.

– Venga… – tus ojos almendrados me susurran palabras de aliento y frescura. Me encojo de hombros, y miro por la ventana. No sé si quiero contarte esto.

– No es nada… – susurro, todavía inmersa en el brillo de las hojas del almendro que se arquea intranquilo, ante la brisa demasiado intensa de esta mañana – sólo ha sido un sueño.

Escalo hasta tu hombro derecho. Inspiro. Tú abrazas la vulnerabilidad de mi cuerpo. Besas mis pestañas. Expiro. Me has devuelto las ganas.

– Es mentira – digo, entrelazando el temblor de mis dedos a la estabilidad enredada en tus huesos – es mentira, yo… No me gusta hablar de esto.

– ¿De qué? – no me miras. Sólo estrechas aun con más fuerza mi cuerpo – ¿qué has soñado?

– Te va a parecer estúpido – repongo. Me muerdo los labios. ¿Qué estoy haciendo? No puedo abrir así la caja de mis sentimientos. Apenas nos conocemos. Bueno sí. Algo… Pero no sé si como para contarte esto. Me alejo. Me abrazo las rodillas. Y todos mis miedos – ¿Alguna vez piensas en que vas a morirte?

– ¿Eso es lo que has soñado?- me preguntas, buscando en mis ojos la verdadera respuesta – ¿Que estabas muerta? – giro mi cuerpo, fingiendo que me recojo el pelo; fingiendo que ya no me importa nada de lo que estuviese diciendo. Y vuelves a rozar mi espalda. Mi alma. Mi herida y todas mis teñidas esperanzas.

– No has contestado a mi pregunta – insisto, escalando hasta mi almohada. Suspiro. Siento tu mirada clavada en mi templanza. En mi silencio prudente, extraño. Y quién sabe, quizás necesario. Nunca he hablado con nadie de esto.

– No. La verdad es que no demasiado- contestas. Te acercas. Aunque esta vez no llegamos a encontrarnos – ¿Crees que es algo importante?

– Sí… – suspiro – no. No lo sé – te miro. Tu sonrisa brilla en esa mirada sensata. Sosegada – ¿De verdad no lo piensas nunca? A mi hay veces que el pensamiento viene solo. Siento como si… Como si me cayese de pronto, ¿sabes? – me agarro los hombros. Suspiro. Intento omitir el frío que ya asedia al resto de mi cuerpo – De repente me doy cuenta de que algún día no voy a estar; de que no voy a sentir; de que no volveré a ser, a mirar, a tocar… Y de que el mundo seguirá y yo no podré volver a verlo.

Tus párpados se cierran una, dos veces. Asimilas mis palabras como si fuesen importantes. Tus dedos recorren las sábanas indecisos. Imprecisos. Intentando encontrar la respuesta perfecta a mis miedos. A los del resto del universo.

– ¿Entonces no crees en nada?

– Creo que la religión es el miedo a la muerte. El infinito no existe… – contesto. Me gustaría reptar hasta tu pecho. Dejar de hablar de esto. Pero… No sé. No me atrevo – y ojalá pudiese ser de esas personas que piensan que hay un más allá; que hay más vidas después de ésta, pero… – rozo tu mano con mis dedos – En realidad creo que cuando esto se acaba ya no hay nada.

Apoyo la cabeza sobre el cabecero de la cama. Se hinchan mis pulmones. Se deshacen mis ansias. Aunque tú no dices nada. Te miro. Tú revuelves tu pelo y miras al techo.

– ¿Qué te pasa? – tiemblo – ¿No te habré contagiado mis miedos?

– No. No es eso – te incorporas y acaricias mi mejilla, sonrosada – es que odio no poder luchar contra eso. Odio no poder quitarte ese miedo, ¿sabes? Yo no lo tengo. No lo siento. Ni tampoco puedo prometerte un cielo, si tú no crees en que exista después de esto.

– Puedes prometérmelo ahora – susurro. Se asoma tu sonrisa torcida. Imprecisa y todavía un poco deshecha – Lo he dicho en broma, ¿eh? – arqueas las cejas. Te mofas – ¡Qué era broma! ¡Odio a la gente así en plan pastelosa!

– Sí, ya… Ya – se pasean ante mi vergonzosa existencia esas arrugas perfectas bajo tu mirada traviesa. Agarro la almohada y te la estampo en la cabeza. Tú me besas.

Foto y texto 2014 © Paula Méndez Orbe

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9 pensamientos en “el infinito no existe

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