siempre.

Hay días en los que se permiten las lágrimas. Días en los que la piel se estremece, y se anuda en nuestros corazones ingenuos una sensación volátil, extraña. ¿Y sabes…? Llevo demasiado tiempo evitándola. Creo que intenté enterrar bajo mi cuerpo todo el miedo, toda la tristeza que me produce que te vayas. Y escondí mis heridas entre suturas inestables y el paso de los días. Y el dolor se abrazó al olvido, y a todas las cosas que hacían posibles seguir adelante. Todavía me siento incapaz de enfrentarme a esta página en blanco; de afrontar que esto te lo dedico esto a ti, Mandru, porque eres tú la que se marcha; de que se me van esos paseos tardíos de inviernos que no son inviernos y veranos que no parecen llegar nunca; y esa mirada tímida y castaña que sabe entenderme aunque no haya dicho nada. Cotilleos, tintes para el pelo y bufandas. Y todas esas fotos en el fotomatón completamente inesperadas. Voy a odiar no compartir odios contigo; que me llames ‘tronchón mío’, y que eso me recuerde a esas clases de francés en las que nos gustaba darle un significado nuevo a todas esas palabras tan raras. Acordarme del callejón diagon y de todas esas canciones del Nirvana. Y de como me apretaste la mano cuando me hice mi primer tatuaje. Tu pelo cuando fue negro. Maximo park, Band of Horses, muse y we are scientists. Italia en el mismo autobús, Nueva York juntas en una casa. Y ese finde que pasamos entre Valencia y sus nubes grisáceas. Voy a echar de menos tus pecas; hablar de los perros que se parecen a zorros, y nuestras risas pavas. Tu inteligencia sensata. Comprar camisetas, medias y faldas. Y que me hables de todos esos libros que te has leído, e imaginarte entre páginas y páginas. No sé que voy a hacer cuando deje de escribir todo esto. Cuando deje de ensimismarme en todo lo que hemos sido sin darme cuenta de que ya no vas a estar para que lo sigamos siendo. Al menos de momento. Así que sólo te pido una cosa, ¿vale? (Además de que sigamos con esa cadena de emails que recorren el mundo. Y cartas y más cartas). Que no olvides sonreírle a todo esto; que no deje de asomarse ese hoyuelo perfecto, ni esas pequeñas y sinceras arrugas entre las lágrimas. Porque no vamos a perdernos. Porque tú y yo seremos siempre tú y yo, da igual donde estemos.

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