la lluvia y el resplandor de lo incierto

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Una vez alguien me dijo que la lluvia trae consigo el olvido. El vaivén de un viento que se lleva los pensamientos y el polvo que ya no queremos. El comienzo de algo nuevo. Para mi no. Para mi, escuchar la lluvia resbalar por el cristal de mi ventana, es también sentir el resquebrajar de una grieta en el interior de mi cuerpo. No sé como explicarlo. Ni siquiera yo lo entiendo. Pero cada vez que la humedad de las nubes logra adentrarse a través de mi jersey de lana negro siento algo. Es un murmullo suave. Un ligero e incluso agradable cosquilleo que resbala por mi piel, y se balancea entre los mechones rubios de mi pelo. El otoño conquistándome. O eso pienso al principio. Porque luego llega consigo el frío. Y yo estrecho con fuerza mi cuerpo. Y acelero mis pasos intentando huir de ese temblor, de esa lluvia que ya asedia cada uno de mis pensamientos. Y ahí lo intuyo, ¿sabes? Es justo en ese momento cuando entiendo lo que está ocurriendo. La lluvia no perdona. La piel tiene memoria. Y cada vez que una de esas gotas traspasa mi piel, limpia consigo todas mis dudas, todas mis esperanzas adormecidas en el tiempo. Estoy perdida. Estoy sola. Y yo sigo corriendo. Sigue leyendo

el valle de espinas y sueños imperfectos

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El brillo de una luna suave y nacarada. El roce sobre mi piel fría y solitaria de esas flores apagadas. Y ese canto adormecido de aquel río inquieto y fresco, que, sin quererlo, guiaba mis pasos hacia su encuentro. Cerré los ojos un momento. Estaba segura de que todo era un sueño; de que en realidad todo aquello no era más que una ilusión al desencuentro; la evasión de cada uno de mis pensamientos anclada a aquel paraíso desierto. Y todavía con los ojos cerrados, inspiré aquel aire dulce y sosegado. No me importaba. Sabía que, en aquel momento, la vida no era más que eso. Seguir caminando por ese sendero trazado y estrecho; volver a tener tiempo de mirar esas nubes grisáceas enredadas a aquel cielo negro; llegar a sentir bajo mis pies la tierra húmeda y abandonada. Aunque por poco tiempo. Pronto, el silencio se vio quebrado por un leve pero imponente estrépito. Abrí los ojos, y Sigue leyendo