siempre.

Hay días en los que se permiten las lágrimas. Días en los que la piel se estremece, y se anuda en nuestros corazones ingenuos una sensación volátil, extraña. ¿Y sabes…? Llevo demasiado tiempo evitándola. Creo que intenté enterrar bajo mi cuerpo todo el miedo, toda la tristeza que me produce que te vayas. Y escondí mis heridas entre suturas inestables y el paso de los días. Y el dolor se abrazó al olvido, y a todas las cosas que hacían posibles seguir adelante. Todavía me siento incapaz de enfrentarme a esta página en blanco; de afrontar que esto te lo dedico esto a ti, Mandru, porque eres tú la que se marcha; de que se me van esos paseos tardíos de inviernos que no son inviernos y veranos que no parecen llegar nunca; y esa mirada tímida y castaña que sabe entenderme aunque no haya dicho nada. Cotilleos, tintes para el pelo y bufandas. Y todas esas fotos en el fotomatón completamente inesperadas. Voy a odiar no compartir odios contigo; que me llames ‘tronchón mío’, y que eso me recuerde a esas clases de francés en las que nos gustaba darle un significado nuevo a todas esas palabras tan raras. Acordarme del callejón diagon y de todas esas canciones del Nirvana. Y de como me apretaste la mano cuando me hice mi primer tatuaje. Sigue leyendo

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para siempre es, a veces, hasta nunca.

everything

¿Sabes…? A veces se me eriza la piel al escuchar la palabra ‘Siempre’. Siempre. Para siempre. ¿No te pasa que al leerla o repetirla varias veces en alto pierde todo el sentido? Siempre. Siempre. Siempre… A mi no me hace falta. Para mi nunca lo ha tenido. Y no es porque yo haya tenido una vida difícil, ¿eh? No te vayas a pensar ya lo típico… Que nací huérfana; que no tuve dinero, ni amigos. Aunque sí, lo admito: la gente que valora la vida es la que menos tiene. O la que menos quiere, ¿no? A veces es lo mismo.

El caso es que… Bueno. La palabra ‘Siempre’ empezó a rondar mi cabeza hace dos años y medio. Dos años, siete meses y… tres días, creo. Sigue leyendo