08 de Octubre de 2014. No puedo decirte adiós.

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Septiembre enterrado, Octubre se desvela. Los ojos cerrados. Y el viento enredado en esta ciudad de incertidumbres y grietas. El frío ha escalado a mis vértebras. Y aunque abrazo mi cuerpo, siento que cada centímetro de mi piel nunca volverá a estar despierta. Es difícil explicarlo. Es difícil entender por qué cada vez que las paredes tiemblan, mi corazón se encoge un poco más entre sus tinieblas. Ni por qué duelen tanto las horas. Ni en qué momento mis huesos perdieron todas sus fuerzas. No sé. Sólo escucho el murmullo de un ayer haciéndose eco en las soledades que trae esta casa tan desierta. No han vuelto. Ya no están aquí sus palabras de ánimo. Sus caricias de seda. Ni ninguna de esas siestas eternas sobre este sofá amarillento y cuarteado. Abandonado. Echo de menos esos paseos en los que soñábamos que volvía a ser verano. Y enterrar mis pensamientos inquietos bajo esos brazos con olor a jabón y a entereza. Y es que, ¿sabes? Ya no entiendo los días sino traen consigo vuestra presencia. Así que cierro de nuevo los ojos. Fuerte. Muy fuerte. Y espero a que ese estremecimiento llegue, cuando por fin… Vuelva a abrirse esta puerta.

Y de pronto lo hace… Sigue leyendo

De direcciones cruzadas y heridas abiertas

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19h37. Andén 11 y un centenar de cuerpos aglomerándose entorno al mío. Anochece. Y tiemblan todas mis ideas bajo estas nubes de lluvia y desaliento. Septiembre ha vuelto a abrazar nuestros cuerpos distantes. Extraños. Y a despertar en nuestras pieles el frío que me recuerda cada noche que ya no estamos juntos. Que nunca más volverán nuestras voces a encontrarse bajo las sábanas en el susurro. Que tú y yo no somos más que el ayer enterrado, dormido, bajo todas esas palabras que el viento poco a poco se lleva. ¿Pero sabes qué? Sigue leyendo

para siempre es, a veces, hasta nunca.

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¿Sabes…? A veces se me eriza la piel al escuchar la palabra ‘Siempre’. Siempre. Para siempre. ¿No te pasa que al leerla o repetirla varias veces en alto pierde todo el sentido? Siempre. Siempre. Siempre… A mi no me hace falta. Para mi nunca lo ha tenido. Y no es porque yo haya tenido una vida difícil, ¿eh? No te vayas a pensar ya lo típico… Que nací huérfana; que no tuve dinero, ni amigos. Aunque sí, lo admito: la gente que valora la vida es la que menos tiene. O la que menos quiere, ¿no? A veces es lo mismo.

El caso es que… Bueno. La palabra ‘Siempre’ empezó a rondar mi cabeza hace dos años y medio. Dos años, siete meses y… tres días, creo. Sigue leyendo

la ciudad del cuento V

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(https://paulamendezorbe.wordpress.com/2014/06/17/la-ciudad-del-cuento-iv/)

Sobresaltado, abrió los ojos, y se levantó de la cama. Casi sin quererlo miró la hora. Pensaba que la espera sería mucho más larga, pues sólo quedaban cuarenta minutos. Cuarenta minutos de trece días que llevaba esperando. “Ya no queda nada” se decía a sí mismo para tranquilizarse. Preparó las agujas y las pastillitas de colores, dejándolas en la mesilla de noche, apartando todas las botellas de cristal y los papeles arrugados que había encima y arrojándolos al suelo.

Treinta minutos. Se dio una ducha, se afeitó la barba, y se cambió de ropa. Trece minutos. Estaba demasiado nervioso. Intentó permanecer sentado en la cama durante esos trece minutos restantes. Notó como su respiración se aceleraba y como sus piernas comenzaban a temblar. Algo que siempre había odiado, pero nunca había podido evitar.

De pronto, llamaron a la puerta. El corazón le dio un vuelco. Sigue leyendo

el dolor enterrado

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Caminaba decidida entre senderos cruzados. Era como si toda esa maleza hubiese sido incapaz de borrar el rastro; como si hubiese elegido no adentrarse entre todo ese dolor todavía impregnado en aquel valle desolado. Seguí caminando. Y sin poder evitarlo, dirigí mi mirada hacia esa silenciosa montaña enredada en las nubes más algodonadas, y de apariencia noble y sosegada. Y noté el temblor en mis manos; la respiración entrecortada, y el deseo ferviente de detener mis pasos. Si seguía caminando me adentraría de lleno en aquella herida abierta; en todos esos corazones sin latido inertes bajo la tierra. Respiré hondo y cerré los ojos. Y un murmullo solitario capturó mi mente indecisa, inexperta. La voz grave y acartonada de una mujer conquistó mi mente y la hizo presa de su grito de auxilio eterno, de toda su pena. Y entre sus lágrimas enterradas entre la niebla espesa que ya me rodeaba, me paralizó el tacto de un cuerpo extraño agitando mi hombro con firmeza. Abrí los ojos, acobardada. Y sin apenas buscarlo, Sigue leyendo

la porcelana se rompe

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Era un día de verano. un día de esos en los que el sol empieza a brillar tan alto que parece que prometiese cumplir cada uno de nuestros sueños nunca olvidados. La brisa mecía mi pelo, y también todas mis ideas. terminaba el curso y, por fin, se abría ante mi un camino incierto que yo debía trazar sola. Y a pesar de cómo se enredaban mis nervios a mi cuerpo inexperto; a pesar de sentir la emoción palpitando en mi pecho inquieto, mis ojos parecían haberse hecho presos de una visión extraña. A escasos pasos de mi figura detenida, se hallaba una chica de pelo dorado y perfecto. Sus mejillas pálidas brillaban ante la dureza de aquel sol de la mañana. Sus labios temblaban; su mirada fría y delicada ya hacía lo posible por evitar las lágrimas. La llamaban muñeca de porcelana. Y clamaban que una enfermedad devoraba sus finas vértebras hasta capturar el resto de su cuerpo pequeño y esbelto. Y ella me miró entonces. Sigue leyendo