ayer.hoy.nunca más.

©Paula Méndez Orbe

                             ©Paula Méndez Orbe

Y otro día

que termina,

sin sentir

tu piel

contra

la mía.

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La ciudad del cuento IV

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(https://paulamendezorbe.wordpress.com/2014/06/11/la-ciudad-del-cuento-iii/)

Y aunque ya no esté a mi lado, sigo escuchando su voz. Mis labios siguen sintiendo los suyos a pesar de que los apartase hace horas. Mi cuerpo siente todavía el calor del suyo. Su presencia. Esa chispa que me mata a la vez que me revive semana tras semana. Martes tras martes. Y no consigo dormir. En realidad no quiero dormir. Temo que al dormir todos mis recuerdos se rasguen, y me queden solamente fragmentos de estos. Y sé que dolería más de lo que ya duele. Sigue leyendo

la porcelana se rompe

 

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A veces me pregunto dónde van los corazones rotos cuando pierden su camino. No sé. Es fácil imaginárselos siendo consumidos por una enredadera de eternas soledades, que oscurece poco a poco todas sus ilusiones restantes hasta hacerlas quebrar para siempre. Como la porcelana al romperse contra el suelo, su tristeza sería igual de bella. Pero se ahogaría en un horizonte sin fin que le haría replantearse su existencia. Y me imagino ese latido. Efímero. Inquietante. No importa cuánto dolor oprima el pecho. Ni cuánto más se aferre a él esa enredadera aplastante. Los corazones siguen latiendo. ¿No? ¿Aunque por cuánto tiempo? No lo sé. Sigue leyendo

de la golondrina solitaria

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A veces sueño que soy pájaro; pero no por lo obvio, ¿sabes? Volar está sobrevalorado. Aunque en cierta manera, pagaría por poder tocar el cielo con las manos… Pero… No sé. Siempre que me imagino siendo pájaro es porque van acompañados. De alguna forma o de otra, la bandada nunca se abandona. Siempre aparece ese gorrioncito solitario atrapado entre la codicia y las migas del parque; jamás dejarán de pelearse unas con otras todas esas urracas quejicosas. ¿Y qué? Te preguntarás. Sigue leyendo