NUEVO POST TENMAGBLOG

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Hola amigos!

Os dejo mi último post para el blog de la revista TENMAG, ¡espero que os guste! Muchas gracias por todo vuestro apoyo,

Paula.

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siempre.

Hay días en los que se permiten las lágrimas. Días en los que la piel se estremece, y se anuda en nuestros corazones ingenuos una sensación volátil, extraña. ¿Y sabes…? Llevo demasiado tiempo evitándola. Creo que intenté enterrar bajo mi cuerpo todo el miedo, toda la tristeza que me produce que te vayas. Y escondí mis heridas entre suturas inestables y el paso de los días. Y el dolor se abrazó al olvido, y a todas las cosas que hacían posibles seguir adelante. Todavía me siento incapaz de enfrentarme a esta página en blanco; de afrontar que esto te lo dedico esto a ti, Mandru, porque eres tú la que se marcha; de que se me van esos paseos tardíos de inviernos que no son inviernos y veranos que no parecen llegar nunca; y esa mirada tímida y castaña que sabe entenderme aunque no haya dicho nada. Cotilleos, tintes para el pelo y bufandas. Y todas esas fotos en el fotomatón completamente inesperadas. Voy a odiar no compartir odios contigo; que me llames ‘tronchón mío’, y que eso me recuerde a esas clases de francés en las que nos gustaba darle un significado nuevo a todas esas palabras tan raras. Acordarme del callejón diagon y de todas esas canciones del Nirvana. Y de como me apretaste la mano cuando me hice mi primer tatuaje. Sigue leyendo

para siempre es, a veces, hasta nunca.

everything

¿Sabes…? A veces se me eriza la piel al escuchar la palabra ‘Siempre’. Siempre. Para siempre. ¿No te pasa que al leerla o repetirla varias veces en alto pierde todo el sentido? Siempre. Siempre. Siempre… A mi no me hace falta. Para mi nunca lo ha tenido. Y no es porque yo haya tenido una vida difícil, ¿eh? No te vayas a pensar ya lo típico… Que nací huérfana; que no tuve dinero, ni amigos. Aunque sí, lo admito: la gente que valora la vida es la que menos tiene. O la que menos quiere, ¿no? A veces es lo mismo.

El caso es que… Bueno. La palabra ‘Siempre’ empezó a rondar mi cabeza hace dos años y medio. Dos años, siete meses y… tres días, creo. Sigue leyendo

quiero dejar de ser una sombra

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Me estoy perdiendo. Me estoy sumiendo en el pasar de todas esas horas que no me pertenecen, que no me dejan verte. Ya no tengo tiempo de mirarme al espejo; de pensar de dónde salen todas esas historias que día a día, publico en estas hojas. Abro los ojos y hago un click en mi cámara. O cientos. Los cierro, y dejo el coche en el aparcamiento, después de perseguir a todos esos famosos ansiosos por no responder a las preguntas de mi campaña publicitaria. Suena el despertador cuando aun no me he acostado, y entonces sueño despierta con las manecillas del reloj que giran y giran sin parar, mientras yo no puedo moverme. Y entonces vuelvo a ser asistente. Y pongo el flash, y descargo una tarjeta y miro y aprendo, y no me centro. No me encuentro. No sé si puedo ser todo esto.

Quiero volver a mirar cómo el viento mece las ramas de los árboles; quiero volver a escuchar la lluvia caer antes de cerrar los ojos y sumirme en un sueño profundo; quiero volver a recorrer las páginas de un libro palabra por palabra, sílaba por sílaba, adentrándome en el verdadero significado de las cosas; quiero dejar de echar de menos a la gente que día a día me rodea y sentir que soy, que estoy; que dejo de ser una sombra.

Foto y texto 2014 © Paula Méndez Orbe

para todas esas personas en las que nunca nos fijamos, y que un día, al de verdad encontrarnos, nos cambian la vida

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concibo que algunas noches sólo te puedo considerar sombra.

el punto final de mis frases,

el movimiento de las ramas de un árbol frente a la brisa veraniega.

pero aquí, rodeada de nada y de nadie

puedo entender que, aunque en planos de vida distintos,

algún día, nuestros ojos al mirarnos,

hablarán el mismo idioma.

Foto y texto 2013 © Paula Méndez Orbe

el ayer no vuelve a mi baúl viejo

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Ayer soñé. Soñé que me compraba un baúl raído y polvoriento para guardar todos mis sueños dentro. Las cámaras analógicas, ese centenar de revistas de moda y algunos de mis cuadernos. Y cuando, con todas mis fuerzas, lo arrastraba por el suelo, me di cuenta de que, para que ese baúl encontrase un sitio en mi cuarto, tenía que tirar un montón de recuerdos. Dejé el baúl a un lado, y con pasos lentos, me dirigí hasta ese pequeño armario de madera cuarteada y segundos pasados, en los que de pequeña guardaba todas las cintas VHS de mis películas favoritas. ¿Hacía cuánto no las usaba, ocho, nueve años? Sabía que había llegado el momento de tirarlas, eran demasiadas. Sólo que en todas sus carcasas, se abrazaban todas esas horas que me abandonaron rápidas y silenciosas. Todos esos instantes en los que creía en el bien y en la magia; En que los deseos se cumplen si los pides con fuerza; En que el tiempo jamás nos abandona. Pero no es verdad. Nada de todo eso es verdad, y ahora me siento engañada y sola. ¿Por qué no puedo volver?¿Por qué la vida no me enseñó a valorar más cada uno de esos días, que se escurren rápido entre nuestras manos de niño, llenas de pintura y tierra? Ya se han ido. Sé que ya no volveré a ser pequeña. Y ahora sólo tengo un baúl lleno de un futuro incierto en esta habitación llena de polvo y esperanza. Porque es mentira, no lo he soñado. Ayer tiré mis películas, y hoy no puedo pensar más que en todo lo que se perdió en el tiempo y en esa herida que sigue profunda y abierta. 

Foto y texto 2014 © Paula Méndez Orbe